Cómo sin querer nos exponemos más de la cuenta en Internet

En el artículo anterior hablamos del lifelogging: De cómo algunas personas han adquirido el hábito de publicar cada aspecto de sus vidas en las redes sociales. Como todo en la vida, esto tiene su lado bueno y su lado malo, y dentro de lo malo está el hecho de que hay personas que, o publican demasiada información en Internet, o publican sin notar quiénes podrían acceder a esta información. Hoy en día, con el auge de los dispositivos móviles, el abaratamiento de los planes de datos y una mayor cantidad de lugares con acceso Wi-Fi, se hace más fácil para cualquiera publicar en redes sociales y hacerle saber al mundo dónde estamos o qué estamos haciendo hasta el más mínimo detalle. ¿Qué tan peligroso puede ser esto? En este artículo veremos, a partir de dos ejemplos reales, cómo podría alguien aprovechar lo que publicamos en Internet para su beneficio o, peor aún, para perjuicio nuestro.

Quizá lo más triste de todo es que, como ya dije, estos ejemplos son reales, tomados uno de la biografía de Facebook de una persona real y el otro de un blog peruano real que utiliza la caja de comentarios de Facebook donde también la gente que comenta es real. Por razones obvias, no mostraré los nombres de las personas involucradas, ni sus fotos ni la información sensible que han publicado. Imaginemos también que yo soy una persona malintencionada (digamos un ladrón o un pedófilo) para mostrar cómo podría aprovechar la “inocencia” de estos dos ejemplos.

Sin más, comenzamos:

Ejemplo 1: Lo que publicamos en nuestro perfil

Aquí tenemos a un muchacho muy contento con su nuevo smartphone con WhatsApp, quien no tuvo mejor idea que pedir los números de teléfono de sus amigos para agregarlos a su lista de contactos. Nada mal, está en todo su derecho. El problema es cómo lo hizo: Publicando un mensaje en su biografía, donde cualquier persona puede responder y donde además otras personas pueden ver también lo que este chico y sus amigos publican. Hasta él mismo publica su propio número de celular (en el quinto comentario) para que otros lo vean y lo agreguen.

Pidiendo a mis amigos sus números telefónicos, y haciendo de paso que otras personas los vean.

Pidiendo a mis amigos sus números telefónicos, y haciendo de paso que otras personas los vean.

Lo primero a destacar es el nivel de privacidad de esta publicación. El iconito gris que aparece debajo del nombre indica que el nivel de privacidad es “Amigos”. O sea, que los amigos de este chico verán esta publicación, y que cualquiera que no esté en la red de amigos de este chico no podrá verla. Suena bien hasta aquí, no parece haber mucho peligro. El riesgo aquí sería si este chico es de aquellos que aceptan solicitudes de amistar de cualquier persona sin primero verificar quién está detrás de ese perfil (y de esos conozco a varios). Si este chico resultara ser uno de esos, yo podría crearme un perfil falso en Facebook, poner la foto de una chica bonita como foto de perfil y enviarle al chico una solicitud de amistad. Y si él me acepta como su “amiga”, ¡listo! Ya tengo acceso a sus publicaciones.

Ejemplo 2: Lo que publicamos fuera de nuestro perfil

Aquí el caso es más grave, pues fuera de nuestro perfil ya no tenemos el mismo control de quién puede leer lo que publicamos. Y para muestra, un botón: Este ejemplo es de un comentario que encontré de pura casualidad en el blog de un conocido programa de televisión:

Publicando el teléfono de mi casa y mi centro de trabajo para que todo el mundo lo vea.

Publicando el teléfono de mi casa y mi centro de trabajo para que todo el mundo lo vea.

Aquí el caso es más grave todavía, y por tres razones. Primero, no solo esta chica publica su número de teléfono, sino que nos dice que es el de su casa. Dos, se puede leer también la empresa donde trabaja. Y tres (dejando siempre la peor para el final), esta información es totalmente pública (el blog está abierto al público en general, y no se necesita tener cuenta en ninguna red social para leer los comentarios). Los datos que encontré aquí son datos que podrían ser aprovechados por algún ladrón o acosador que, teniendo un número de teléfono fijo, ya podría averiguar por ejemplo la dirección de su casa, o que sabiendo dónde trabaja podría hacerle un reglaje para asaltarla (o quizás hacerle algo peor).

“Pero es solo un número de teléfono, ¿qué me puede pasar?”

La respuesta es sencilla: Más de lo que uno se imagina. Por ejemplo, a mi casa ya han llamado al menos un par de veces para hacerme el viejo truco del “hijo en problemas”. ¿Y en qué consiste este truco? Llaman a una casa y quien habla es un chico o chica que, con voz llorosa o asustada te dicen algo como “Papá, papá, auxilio, me ha detenido la policía, ayúdame…”. Luego habla una segunda persona que dice ser el comisario y que ha detenido a tu hijo o hija, que se va a quedar detenido y que para liberarlo tenemos que hacerle un “favor” (por ejemplo recargar un celular o hacer un depósito en una cuenta bancaria). Hay algunas variantes del truco (por ejemplo que en vez de un policía sea un secuestrador), pero la idea es la misma. En mi caso, el truco lo hicieron sin tener ningún dato mío: Llamaron a mi casa por puro azar, e imagino que el chico me llamó “papá” también por azar, para ver si caía en la trampa.

Pero en los ejemplos anteriores uno puede ver un número de teléfono, el nombre de la persona y hasta su foto. Con esa información, un supuesto comisario podría decirnos algo como “tenemos detenido a su hijo Fulanito de Tal, como veo que es un muchacho nomás, se le puede dejar ir sin cargos pero primero usted tiene que…”. Si desconfío, el “comisario” podría por ejemplo describir a mi supuesto hijo a partir de su foto en Facebook, lo cual hace más convincente su “floro”.

Además, como ya dije líneas arriba, es posible obtener una dirección de alguien sabiendo su teléfono fijo. Basta con buscar ese número en Páginas Blancas para tener la dirección.

Por último, ambos ejemplos tratan de números telefónicos, ¿pero qué otros datos suele publicar la gente en Internet? De seguro todos tenemos al menos un amigo o amiga que publica en su perfil cosas como estas:

  • “Hey, ya llegué a la discoteca Disco, ¡apúrense!”
  • “Pobrecito mi papá que está internado en la clínica del doctor T. Mata”
  • “La semana que viene nos vamos con toda la familia de viaje a Punta Canas”
  • “A todos los que llevan el curso de E-marketing avanzado con memes, los espero de 4 a 6 pm en el salón Nº 000 para recibir sus trabajos. Atentamente, la delegada del curso”.

Estos ejemplos (también inspirados en publicaciones reales) muestran cómo a veces sin querer exponemos más información de la necesaria en Internet. Por ejemplo, usando el dato del “papá internado” (del segundo ejemplo de la lista), algún malhechor podría ponerse en contacto conmigo y decirme por ejemplo “Te tenemos marcado, danos $50000 o te puede ir mal… piensa en tu papá que está en la clínica del doctor T. Mata, no le vaya a pasar algo…”.

“Pero esto yo no lo publiqué…”

OK, digamos que ya tenemos el suficiente criterio como para decidir qué información vale la pena publicarla en Internet. ¿Pero y si otro lo hace por nosotros? Tomemos por ejemplo, de la última lista de ejemplos, el de la discoteca Disco. Hay gente que, cuando quiere que ciertas personas lean sí o sí lo que publican, no tienen mejor idea que etiquetarlas en dicha publicación. En nuestro ejemplo quedaría algo como “Hey Fulanita, Menganita, ya llegué a la discoteca Disco, ¡apúrense!”. Si yo fuera, digamos, Fulanita, de nada me hubiera servido tener cuidado de que nadie en Internet sepa a dónde voy, pues quien hizo esta publicación etiquetándome ya me expuso sin querer. Lo mismo pasa con las fotos: ¿A cuántos de nosotros nos han etiquetado aun en fotos en las que ni siquiera aparecemos? ¿Y qué pasa si me etiquetan en las fotos de la despedida de soltero de un compañero de trabajo en Las Cucardas?

Pues bueno, en el caso de las etiquetas, si nuestra red social nos da la opción de revisar dónde nos etiquetan antes de hacerla pública, es recomendable siempre activar esta opción. En Facebook, por ejemplo, la activamos siguiendo estos pasos:

  1. Entramos a la pantalla de configuración.
  2. En el menú de la izquierda, elegimos “Biografía y etiquetado”.
  3. Encontramos una serie de preguntas. La segunda dice “¿Quieres revisar las publicaciones en las que tus amigos te etiquetan antes de que aparezcan en tu biografía?”. En esta pregunta, damos clic a la opción Editar (al lado derecho).
  4. Se abre una sección donde podemos activar esta opción desde una lista desplegable. Aquí, elegimos “Activado”.

Ten en cuenta que este cambio no evitará que tus amigos te etiqueten en otras publicaciones, pero antes que aparezca la etiqueta, podrás revisar primero dónde fue que te etiquetaron y, si lo deseas, eliminar dicha etiqueta.

En esta misma pantalla hay más opciones que te permiten controlar lo que sucede cuando te etiquetan, por lo que no está demás darle una revisada a todas las opciones y configurarlas a tu gusto.

Recomendaciones

Más allá de las opciones de privacidad que nuestras redes sociales favoritas nos ofrecen y del buen o mal manejo que hagamos de ellas, existe una regla de oro que siempre debemos tener en cuenta: Si algo es privado, no lo publiques en Internet. Si quiero darle a una amiga mi número de teléfono, tengo mil formas de hacerlo (por ejemplo por correo electrónico). Y si resulta que mi amiga solo usa Facebook, pues bien, se lo mando por Facebook pero en un mensaje privado (mal llamado inbox). No tengo necesidad de publicar algo como eso para que todo el mundo se entere.

Hay que tener cuidado también con quiénes están ya dentro de nuestra red de contactos (o amigos, suscriptores, seguidores o como se llame). Si somos de esos que coleccionan amigos como si fueran figuritas de álbum, más vale que comencemos a tener cuidado en ese aspecto. En el caso particular de Facebook, si tenemos en nuestra red de amigos a alguien que no conocemos bien, un consejo útil es ponerlo en nuestra lista de Conocidos, una lista especial que incluye Facebook para ayudarnos a proteger nuestra información.

Claro que todo esto es, como siempre, relativo. Puede haber casos en los que sí me interese publicar cierta información para que la vea todo el mundo (por ejemplo el lugar donde trabajo, si mi intención es captar clientes); pero siempre con cuidado y midiendo las consecuencias de lo que publicamos.

Y espero también que, aunque los dos ejemplos que di al inicio traten de publicaciones en Facebook, a nadie se le ocurra decir que Facebook es el culpable. Total, ni Facebook ni ninguna otra red social o sitio web que usemos nos obliga a publicar de todo en Internet. Es decisión de cada uno de nosotros saber qué podemos publicar y qué no. Solo hace falta un poco de sentido común.

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Danilo Quispe Lucana

Ingeniero de sistemas, desarrollador web y de software. Aficionado a la ciencia y tecnología desde chico.

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