El fenómeno del lifelogging: Cuando tu vida privada se vuelve pública

Con la llegada de las redes sociales y de dispositivos que nos hacen cada vez más fácil acceder a ellas, cada vez más gente se ve tentada a publicar todo lo que uno hace para que sus amigos lo vean. Fotos, videos, lugares, acciones, estados de ánimo, puntuaciones en juegos, problemas sentimentales y más información es puesta al alcance de muchos en Internet, y si no tenemos cuidado, esa información puede caer en malas manos, en perjuicio de nuestra propia seguridad y privacidad.

El lifelogging (literalmente “registro de la vida”) consiste en llevar un registro de cada aspecto de nuestra vida y nuestras actividades, y publicarlo en Internet para que nuestros amigos sepan qué estamos haciendo, en dónde, cuándo, con quién y más en todo momento. En realidad el lifelogging no es algo nuevo. La necesidad de mostrar cada vez más de nosotros está presente desde los inicios de Internet, comenzando con una página web personal, pasando por los blogs y los álbumes digitales. Ahora, esta tendencia se ha incrementado en los últimos años gracias al auge de las redes sociales y la aparición de dispositivos móviles que nos permiten subir a la red esta información de forma cada vez más fácil y rápida. Y la tendencia será mayor con la llegada de dispositivos que irán en nuestra vestimenta [wearables] y que irán registrando de forma automática cada aspecto de nuestra actividad diaria, como tomar fotos de a donde vamos, registrar lo que comemos o cuantas calorías quemamos durante el ejercicio, y un largo etcétera.

Se suele decir que el lifelogging es malo y peligroso. Y sí que puede llegar a serlo. Pero, como todo en la vida, el lifelogging tiene su lado bueno y su lado malo. Campos como la medicina o la publicidad se pueden ver beneficiados con el lifelogging. Existen hoy en día dispositivos que llevan un registro automático de nuestros signos vitales, el mismo que podemos revisar y comparar para ver cómo estamos de salud. Del mismo modo, una aplicación podría conocer por ejemplo lo que nos gusta comer y sugerirnos los restaurantes más cercanos a nuestra ubicación donde sirvan justamente ese tipo de comida.

Una app que nos muestra las calorías que quemamos durante el ejercicio

El punto sensible a todo esto viene por el lado de la privacidad, y por ende, de la seguridad. Por ejemplo, a mí me gusta mucho tomar fotos, e imaginemos que tomo fotos de cada lugar a donde voy (incluyendo lugares rutinarios como mi centro de trabajo o el restaurante donde como menú todos los días) y lo subo a mi cuenta de Facebook. Si no tengo cuidado, esas fotos podrían ser vistas por algún indeseable de los muchos que rondan las redes sociales y tener material suficiente como para hacerme un “reglaje” [seguimiento de dónde trabajo, dónde vivo, con quién vivo, qué rutas tomo para movilizarme, etc.]. Puede parecer un ejemplo tonto: ¿quién en su sano juicio expondría información así? lamentablemente, a veces lo hacemos sin que nos demos cuenta. Por ejemplo, publicando fotos de la fiesta de cumpleaños de mi mejor amiga y poniendo un texto al pie como “Aquí con mi mejor amiga en su cumpleaños, en la discoteca ______, ¡qué buen lugar! Por eso vengo todos los fines de semana aquí :D”. Sumemos a esto la costumbre (o falta de ella, según sea el caso) que tenemos algunos de no fijarnos en las opciones de privacidad de lo que publicamos y/o de aceptar como contacto a cualquier fulano desconocido solo para tener más amigos que cualquiera, y nuestra exposición al mundo de nuestra vida podría cobrar dimensiones insospechadas.

Humor: Tonto del Tuiter

El ejemplo límite de esto fue una publicación (real por cierto, no es un ejemplo inventado) de una chica en Facebook (cuyo nombre no diré por razones obvias) que publicó algo como “Hola, me llamo _________ y estoy enferma, por favor vengan a visitarme que me siento muy sola. Mi dirección es _________ o sino llámenme al _________ :)”. La dirección y el teléfono eran reales (su enfermedad y su tristeza en ese entonces también); pero eso no justifica que una persona exponga sus datos de esa manera. Para colmo, éste mensaje era público: cualquiera podía verlo, no solo su red de contactos.

También las propias redes sociales tienen su cuota de responsabilidad en esto, pues muchos de nosotros ponemos en sus manos nuestra información personal para compartirla solo con nuestros contactos de confianza. Si los ajustes de privacidad no son claros o fáciles de encontrar, podemos terminar publicando algo que no queremos. Es bueno que estas redes revisen y mejoren cada cierto tiempo sus mecanismos de control de la privacidad de vez en cuando, siempre y cuando lo hagan con cuidado para evitar también la exposición involuntaria de datos de sus usuarios, como aparentemente habría ocurrido en el pasado.

Entonces, ¿corro riesgo si publico algo en Internet? Pues eso dependerá de cada caso en particular. Cada persona es un mundo, y lo que para uno pueda ser algo privado, para otro puede que no lo sea. De cualquier modo, para eso existe una regla de oro: Si tienes algo que no quieres que la gente lo sepa, no lo andes publicando en Internet. Tan simple como eso.

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Danilo Quispe Lucana

Ingeniero de sistemas, desarrollador web y de software. Aficionado a la ciencia y tecnología desde chico.

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1 respuesta

  1. 26 Mayo, 2016

    […] el artículo anterior hablamos del lifelogging: De cómo algunas personas han adquirido el hábito de publicar cada aspecto de sus vidas en las […]

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